Viajar a Marruecos: la vida cotidiana de hombres y mujeres
Marruecos queda a apenas catorce kilómetros de España, al otro lado del Estrecho, pero la llegada se nota enseguida. El olor a menta y a especias, la llamada a la oración que suena cinco veces al día y el ruido de las medinas hacen que el viajero sienta que ha entrado en otro ritmo de vida. Para entender el país hace falta observar sus costumbres diarias, que cambian bastante entre la ciudad y el campo, y entre generaciones.
El día empieza temprano
En muchos hogares el día comienza con la primera oración, al amanecer. El desayuno suele ser sencillo: pan, aceite de oliva, miel, msemen (una especie de crepe hojaldrada) y, por supuesto, té a la menta. El té no es solo una bebida. Es un gesto de hospitalidad, y rechazarlo puede parecer poco educado.
La rutina de los hombres
Tradicionalmente, los hombres tienen una presencia muy visible en el espacio público. Es habitual verlos en los cafés, sentados de cara a la calle, tomando café o té, leyendo el periódico o viendo fútbol, una auténtica pasión nacional. Muchos trabajan en el comercio, la artesanía, la agricultura o el turismo. El viernes a mediodía es especial: los hombres acuden a la mezquita para la oración colectiva y después comparten en familia el cuscús, el plato tradicional de ese día. El hammam, o baño público, es otro lugar de encuentro semanal, con horarios o espacios separados para hombres y mujeres.
La rutina de las mujeres
Las mujeres han sido tradicionalmente el centro de la vida familiar: la cocina, la educación de los hijos y la organización del hogar. Preparar el pan, el tajín o la harira (una sopa muy típica en Ramadán) es un saber que pasa de madres a hijas. Sin embargo, la realidad actual es muy diversa. En ciudades como Casablanca, Rabat o Tánger, muchas mujeres estudian en la universidad, trabajan como médicas, profesoras o empresarias, conducen y participan activamente en la vida pública. En cuanto a la vestimenta, algunas llevan hiyab o chilaba, y otras visten de manera occidental. Es una elección personal y familiar. Para ellas, el hammam también es un espacio de socialización y descanso.
Consejos para el viajero
- Vestimenta: conviene llevar ropa discreta, que cubra hombros y rodillas, sobre todo en zonas rurales y lugares religiosos.
- Saludos: entre personas del mismo sexo son comunes los besos en la mejilla. Con el sexo contrario, mejor esperar a que la otra persona tienda la mano.
- Fotografías: pide siempre permiso antes de fotografiar a alguien, especialmente a mujeres.
- Ramadán: si viajas durante este mes, evita comer o beber en público durante el día por respeto.
- Regateo: en los zocos es parte de la cultura. Hazlo con paciencia y buen humor.
Viajar a Marruecos es descubrir un país donde la tradición y la modernidad conviven cada día. Observar con respeto y curiosidad cómo viven sus hombres y mujeres, sin quedarse en los estereotipos, es la mejor manera de disfrutar de su hospitalidad, que es legendaria.






